Páramo

Todavía no sale el sol, se esconde por ahí atrás de los cerros, donde jugabas con los amigos de la cuadra. Ahí se espera, escondido en las piedras, junto a los alacranes que cada verano salen a colgarse de las paredes de tu cuarto. No creas que piensa asomarse. Algunos rayos escapan, se arrastran y arañan tus tobillos, eso de esconder al sol no es cosa fácil. Sabes que no quiere que se atestigüe tu retiro. Me abandonas. Olvidas tus instintos sedentarios. Tus pertenencias se vuelven carcasas, más piedras pal desierto. Buscas algo mejor, es muy probable que no lo encuentres, pero ya te decidiste . Así como tu tortuga murió por su terquedad, tu morirás al pasar la frontera. Para que te vas si no sabes lo que quieres. Te olvidas de que naciste para estar en esta tierra. Los rayos te han tatuado la espalda. Tus sentidos se amoldaron a los cerros. Mudas de piel. El frío y el calor te quemarán. Canjearás tu sombra por hambre. Tu lengua mutará y remplazarás ideales con monedas, palabras, mezclarás vivencias presentes con futuras. Olvidarás a escuchar el clima con el olfato.

Una ola de viento levanta el polvo y cierra tu pasado. Te alejaste de tu tierra. Arrancaste tus raíces, aún no entiendes que no encontrarás comodidad como la de tu infancia. Compararás presente con pasado. Buscarás tu tierra prometida. Aquella tierra que llegó en visiones. Algunos marcan su meta con un águila despedazando a una cabra, pero tu la marcas con la felicidad. La felicidad que sólo viene con los recuerdos de tu tierra, pero me abandonaste. Dejé de existir en el momento en que migraste y por más que vuelvas a buscarme no me encontrarás, me perderé entre los cerros, debajo de las piedras, entre tus recuerdos se carcomidos. Te aferrarás al pasado y quizá llegue el día en que te des cuenta de que el pasado que añoras nunca existió. Te cortaste las raíces y te fuiste de tu pueblo. Ahora deambulas despellejado como calaca garbancera. Dejaste ese Guachochi querido del rocío mañanero, con su viento cargado de polvo, con sus liebres y lechuzas. Y así como el pescador que se cae del bote, buscarás regresar a mi hasta el momento de tu muerte.

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Cómo el grafeno podría cambiar nuestra vida

Hace unos días me tope con este video. La investigación y los puntos de vista tienden a ser optimistas. Es difícil no enamorarse de una idea tan poderosa como la de poder sustituir las baterías convencionales con un producto a base de carbón. En este corto se presenta una técnica para obtener grafeno a través de objetos tan comunes como un quemador de DVD. La técnica se basa en tener una solución a base de agua de óxido de graphito, esta solución se esparse sobre un DVD y luego se coloca en el quemador para que el láser al pasar por la mezcla y se genere así una capa de grafeno. Vale la pena preguntarse si en un futuro no muy lejano podría ser posible descentralizar la producción de baterías. Al darle a cada persona el poder y conocimiento de poder fabricar sus propias unidades de almacenamiento de energía, ya no se requeriría de una comisión de electricidad.  En pequeñas comunidades se podría generar suficiente energía para independizarse, sin necesidad de cableados ni cuotas mensuales.

En la actualidad, las capacidades de almacenamiento que se han comprobado experimentalmente igualan aquellas a las de las baterías de níquel e hidruro metálico Ni-MH. Las baterías de Ni-MH son las tradicionales baterías recargables los formatos comerciales son AA, AAA, C, D así como las rectangulares de 9V. Las baterías de Ni-MH tienen un alto impacto ambiental, tanto para la obtención de los metales a través de la minería como el desecho generado al término de su vida útil. En contraste un supercapacitor a base de grafeno, al desecharse, por ser un material a base de carbón es capaz de reintegrarse al medio ambiente. No comparto la idea de que el material pueda ser utilizado como composta, por el simple hecho de que el capacitor ocupa estar envuelto en algún tipo de aislante. Para los que quieran leer más sobre el tema, les dejo la liga a un artículo: Graphene supercapacitor breaks storage record. Sin más les dejo este corto.

Disfruten, comenten, compartan.

¡Saludos!

moipacheco v2.0

Han regresado las publicaciones a este blog. Hubo un periodo de ausencia obligada, ahora espero que este rollo arranque como es debido y no le quede mal a los lectores que lleguen a haber.

Los invito a comentar, a discutir, sugerir, compartir escritos y reflexiones. La idea es publicar ideas, reflexiones, cuentos, fragmentos de novela, novela graphica (si algún día me animo a dibujar). No creo conveniente restringir los temas a un área: tecnología, artes, historia… creo que se brinda una mejor experiencia al combinar temas que al encacillarse en uno.

Buscaré darle  a la página una apariencia cercana a la de un libro, así como brindar una experiencia similar a la de leer un libro digital. Apenas descargué un libro que se llama Building WordPress Themes from Scratch, a ver si me ayuda a hacer un formato similar al que uso en el momento, pero con la libertad de poder personalizarlo sin tener que pagar. No se todavía si sería buena idea la de brindar descargas en pdf de cada publicación, espero que ustedes ya digan si tiene sentido o no. Igual y cada año se puede descargar un compendio de cuentos o que se yo.

No duden en comentar.

¡Saludos!

El Mercado

El día de hoy no se presentó Ernesto. Ha pasado casi una semana desde que lo vimos por última vez. Se siente raro estar sentado en estos mesabancos y saber que el lado izquierdo está vacío. Carlos me dijo que sus papás huyeron junto con él, que alguien los buscaba, que recibían amenazas y que por eso se fueron. Otros compañeros dicen que los agarraron porque vendían niños en el mercado, otros dicen que simplemente vendieron a Ernesto. Los maestros sólo callan, pero se ve que sus caras cargan una respuesta que no quieren soltar. En el salón se siente su ausencia. Me imagino que todos la sentimos por igual, a pesar de que con cada día que pasa hablamos menos del tema. Poco a poco intentamos regresar a una normalidad inexistente, ponemos nuestro grano de arena al evitar mencionar su nombre, como si hubiera un temor de verlo regresar, de que cuestione nuestro comportamiento. Esta mañana llegamos al salón de clases. El día inició con la pasada de la lista. El nombrar de su apellido rebotó en las ventanas del salón. Lo acompañamos con un silencio incómodo y las dudas volvieron a invadirme. Me pregunto que llegará a suceder primero, si la maestra se cansará de nombrarlo y optará por omitirlo o si Ernesto, simplemente regresará y las mañanas dejarán de ser incómodas. Mi madre me dice que a la gente se la roban en los mercados y cada vez que vamos no me suelta la mano. Me asusta ver el movimiento de la gente. Encuentro muchos olores con los que sólo me topo en el mercado. Veo a señoras con bolsas grandes, cargadas de chiles frescos, chiles secos, pimienta, canela, jamaica y demás especias que no conozco y nunca compramos. A lo lejos una que otra vendedora trae unos trozos de carne, pedazos de chicharrón. Cada tres pasos que damos hay alguien que grita, alguien que nos invita a pasar a su puesto. Prueben los chiles. La flor de calabaza viene fresca viene derechito del Valle. Mi madre siempre pregunta si lo que compra es fresco y siempre obtiene su afirmación, su respaldo. En casa mi madre termina de hacer la comida, mientras me asomo por la ventana donde alcanzo a ver el mercado. Observo a sus vendedores, a sus taxistas, a sus puestos de verduras y sus carnicerias, a sus vagabundos, a sus vendedores ambulantes, a sus malabaristas, a sus lavacoches mas no veo a Ernesto. Solo espero que mañana regrese a clases.

Tiempos difíciles

… yo soy hombre de pocos conocimientos y de maneras ordinarias para que pueda indicar a este caballero el modo de mejorar todo esto…, aunque hay en esta ciudad trabajadores de más talento que yo y podrían hacerlo… pero sí que puedo decirle qué es lo que no mejorará jamás la situación. La mano dura no la mejorará. Con vencer y triunfar en los conflictos no se mejorará. Poniéndose de acuerdo para dar siempre, contra naturaleza, la razón a una de las partes, y quitársela siempre, contra toda lógica, a la otra parte, jamás, jamás se mejorará. Mientras se aísle a millares y millares de personas que viven todas de la misma manera, metidas siempre en idéntico embrollo, por fuerza han de ser como un solo hombre, y vosotros seréis como otro solo hombre, con un mundo negro e imposible de salvar entre unos y otros, mientras subsista esta situación desdichada, sea poco o sea mucho tiempo. No se mejorará la situación ni en todo el tiempo que ha de transcurrir hasta que el Sol se vuelva hielo, si se persiste en no acercarse a los trabajadores con simpatía, paciencia y métodos cariñosos como hacen ellos unos con otros en sus muchas tribulaciones, acudiendo al socorro de sus compañeros necesitados con lo que a ellos mismos les está haciendo falta… No lo hacen mejor, esa es mi humilde opinión, los trabajadores de ninguno de los países por donde ha viajado el caballero. Sobre todo valorándolos como tanta o cuánta mano de obra y moviéndolos como números en una suma, o como máquinas, igual que si ellos no tuviesen amores y gustos, recuerdos e inclinaciones, ni almas que pueden entristecerse, ni almas capaces de esperar… ; menospreciándolos como si para nada contasen ellos, cuando están tranquilos, y echándoles en cara la falta de sentimientos humanos en sus tratos con vosotros, cuando ellos se desasosiegan…; de ese modo, señor, no se mejorará la situación mientras el mundo sea mundo y no vuelva a la nada de que Dios lo sacó.

Esteban Blackpool, Tiempos difíciles por Charles Dickens publicado en 1854.

Imposición o no imposición, esa es la pregunta

Rocha

La basura en su lugar

Desde hace dos meses hemos estado a bordo de un sube y baja emocional. De principio a fin un sin fin de irregularidades se reportaron durante el proceso electoral. Dentro de la esperanza de los votantes se encontraba la posibilidad de que se diera a escuchar la voz de la gente. La represión del gobierno ha tratado de apagar los sentimientos de los mexicanos, ha tratado de distraer a la gente, nuevos problemas surgen, gente clave en el caso desaparece,  pero la gente sigue atenta sigue encendida. Ahora se “resolverá” el juicio de impugnación o juicio madre como se le ha catalogado. La mayor parte de la población sabe para dónde se inclina la decisión del Tribunal Electoral. Tenemos tatuadas las palabras de Alejandro Luna Ramos cuando dijo:”Nadie ganará en la mesa lo que no ganó en las urnas”.

Este día marcará la historia de los mexicanos, para bien o para mal. Hace seis años, la gente fracasó en hacer valer su voto. Hace seis años la comodidad de muchos, el callar de muchos, nos puso en la situación en la que vivimos. Es tiempo de pensar cuánto más estamos dispuestos a sacrificar a dejar de hacer por la comodidad. Las elecciones pasadas las pagó el país entrando en un ciclo de autodestrucción que le ha costado más de 150 mil vidas. El estrés y la falta de paz emocional destruyen los lazos sociales de las comunidades y tienden a promover los abusos. Los desempleados aumentan día a día y las economías familiares se ven más y más apretadas. El presidente de la República se va en contra de la gente que señala sus debilidades, presiona a reporteros, se niega a establecer memoriales a los desaparecidos, todo esto como una forma de proteger su ego y aferrarse a sus errores. Los males en la política al igual que los males de salud, si no se cuidan tienden a empeorar. Esta ola de males que se viven en el país bien puede ser el principio de una ola aún más grande si los ciudadanos no abandonan la comodidad de sus hogares para expresar sus disgustos: llámense desempleo, violencia, inseguridad, explotación, pobreza, desplazamientos.

Ahora es tiempo de criticarnos, Calderón va de salida y los males se quedan. En unos días dará su último informe presidencial y los medios presentarán puntos de vista opuestos ante declaraciones borrosas de un presidente en busca de asilo. ¿Cuántas personas más debemos ver sufrir para vencer el miedo de decir lo que pensamos? ¿Cuántos enriquecimientos desproporcionados permitiremos? ¿Cuánta explotación del medio ambiente toleraremos? ¿Cuánta esclavización aguantaremos? ¿Con cuánto estrés estamos dispuestos a vivir antes de mostrar indignación? ¿Cuántas imposiciones queremos?  Ahora a las cinco de la tarde, horario de la ciudad de México, el Tribunal dictará su sentencia definitiva y me pregunto si el pueblo callará una vez más.

#IgnacioAyala

La marcha de Ignacio Ayala

Los primeros rayos de luz golpean en las paredes de la casa de Ignacio. Paredes de ladrillo carcomido, tuberías viejas y techos con goteras le dan cobijo al flaco. Inquieto de toda la vida diría la abuela que lo crió, enterrada ya hace más de ochenta años. Ignacio lleva horas caminando de un lado a otro en su casa, como gallo enjaulado. Hombre viejo de pasos lentos e inciertos, así como aquellos que dan los que comienzan a ejecutar la acción por primera vez. Va y viene. Se detiene con paredes, muebles, sillas. Se inclina unos grados para enfrente, otros grados para atrás, que para la derecha o la izquierda según este parado el observador. Desde fuera, gracias a las ventanas de su casa se aprecia su joroba tambaleante. Los vecinos duermen, colonias bajo las cobijas, autos bajo el rocío. Ignacio se muda pronto. El día de hoy comenzará a empacar. Ayer recibió su carta. Carta que lo corre del domicilio. Se le da un período de gracia, más por lástima que cortesía. Molestias que no se cancelan, sólo se posponen. La gente se olvida que para una vida inundada de años, semanas de más semanas de menos forman parte del mismo instante.

Solitario por obligación, decisiones tomadas por su entorno, destino, suerte o vaya uno a saber realmente por qué o por quién pero no por Ignacio. Enviudó hace cerca de quince años. Pésames por aquí, pésames por allá, abrazos con lágrimas de reptiles. Pobre Ignacio ya encontrarás a alguien ya verás. Como si enviudar a esas alturas del camino fuese cosa inusual. El viejo aceptó la muerte y los consejos desechables de las amistades de su mujer. No lloró, a la vista del público. No lamentó, ante los oídos de sus allegados y tampoco enterró el cuerpo de su mujer como hizo saber a la gente. Le pagó a un conocido quien se dedicó a desaparecer el cadáver fresco de la mujer marchita. Cumpliendo así con el deseo de su mujer, el de no ser un peso para él. Trato sencillo, rápido e ilegal. No hubo recibos y el secreto murió cuatro años más tarde por un paro cardíaco, mientras comía tacos de chicharrón frente al correo del pueblo.

Ignacio ya no envejece, ha llegado al límite, ya no caben arrugas en su cara. Las bolsas de los ojos no se extienden más, su joroba se encuentra en una recesión. Los años no le pesan tanto como la nariz, las orejas le cuelgan al igual que su cuello guajolotero. Él lo sabe, lo tiene presente y ha perdido la cuenta de su edad. Su mujer era la que llevaba anotado esos detalles en una libreta, que solo ella sabría dónde quedarían las cuentas. La gente no le atina a sus años, especulaciones restringidas a números de dos dígitos. Sus células raquíticas se rehúsan a la extinción. Ahora se muda. La violencia cobró la vida de sus hijos, de esto hace ya bastante tiempo. Que un padre sobreviva a sus hijos es un evento tan anormal, que no hay palabra en esta lengua que lo describa. Cortadas y moretes en la vida de un hombre que se arraigan a la memoria.

Ignacio está consciente, sabe que debe irse, sabe que debe empacar. Escasos recursos, pensión merecida, mas pagos no obtenidos. Afuera de su casa está su bicicleta. Vieja a los ojos de los vecinos, bicicleta inigualable a los gustos de este viejo. Manubrio y pedales amoldados a sus extremidades. Sus escasas nalgas moldeadas por el asiento carcomido. Ignacio da pasos, se dirige a la puerta de su casa. Columnas de libros en el suelo. Colecciones adquiridas alrededor de los años, ediciones viejas, dedicatorias,  autógrafos, organizados en columnas de medio metro. Música no tiene, ha cambiado de formato muchas veces a lo largo de los años. Escucha la radio y recibe las ofertas musicales del azar. Abre la puerta de su casa, deja pasar la oscuridad unos metros. Un suspiro seguido de su tos con flemas mañaneras. Cuatro escalones de concreto se interponen entre Ignacio y su bicicleta. Las rodillas le duelen, crujen con el frío como si se acabaran de conocer. Dos manos viejas pescan el manubrio de la bicicleta y la jalan. Las sobras de energía rezagada, a través de varias décadas, saldrán a relucir en estos días. Ignacio no hay de otra, ahora comienza la mudanza.

#ElAgregado